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24 nov. 2009

Hombre papafrita por Pedro García Lavin

Jueves. Juan se levantó por la mañana con una resaca que le partía la cabeza. La noche anterior había tomado demasiado. Se mira al espejo y sonríe; esta feliz: había salido con Ana. Al principio Ana no quería salir con él, él insistió.
A veces no sabemos si es que se alinean los planetas, estamos más lindos -ellas menos pretenciosas- o, sin que se ofendan, no se dejan llevar por ese primer impulso de histeria que las bloquea.

Juan la espero a la diez de la noche. Fueron a comer, la invito a tomar algo y después la noche siguió creciendo y terminaron, medio borrachos, bailando salsa en un boliche del Once. Más tarde, hicieron el amor.
Esa noche, luego de la hora cero, había que adelantar en una hora los relojes, por el cambio de horario de verano al de invierno.
Juan notó algo extraño. En la calle, mirando desde su balcón, el mundo se veía mucho mas despierto que lo que ayer, antes de ayer y antes de antes de ayer a esa misma hora.

Era como si se hubiera despertado más tarde de lo normal. Miró el reloj de pared: las 8, luego el de pulsera: las 8. Encendió la tele: las 9. Ese día Juan no llegaría a trabajar. Su ocupación era, además de pensar en Ana, repartir bolsas de papas congeladas en los locales de la cadena Fritpap´s, que hoy no tendría materia prima para acompañar las grasientas hamburguesas.

Javier salio de su trabajo a almorzar, fue como cada día a comerse esas papas fritas que no podía dejar de comer. Le decían el "místico de la papa frita". Otros lo consideraban un “papafrita” por su afición por el tubérculo fritado. Ya varios le habían perdido el respeto por esta razón.
Se sentó el taburete que ya tenía la forma de sus nalgas. Karina, la chica pecosa que atiende en el local le preguntó ¿Qué va a almorzar? Lo de siempre, respondió. Señor, no tenemos ese plato, dijo la aparentemente ingenua muchacha. Le puedo ofrecer hamburguesas simples, dobles, triples, con jamón, con queso, con jamón y queso, con tomate y sin lechuga, con lechuga y sin tomate, con tomate y cebolla, con cebolla y queso , con queso y salsa golf, con salsa golf y pepino...si que quiere el combo dos, le damos un cuarto más de Poca Cola y Spirits, si quiere agrandar el combo, le podemos dar gratis el postre, si es quiere un postre más grande, debe abonar un peso con cincuenta más….y la chica siguió hablando durante dos o tres minutos, él la escuchaba atentamente -o eso parecía- hasta que la miro y con tono de ansiedad le dijo, ¡Nena, quiero papas fritas! ¡Nada más que eso! ¡Vengo todos los días y todos los días me preguntas lo mismo! y, sin que pueda responder ¡Hablas y hablas y hablas!...
Disculpe señor, pero hoy no hay papas. El repartidor no vino a trabajar y hasta mañana no hay papas. ¿¡Quién sigue!?

Javier, derrumbado, se hizo a un costado, bajó la cabeza, mientras se apoyaba en una de las columnas del local. Cayo a los pies del mundo y pensó que todo conspira contra la su felicidad, su alegría, sus cotidianas costumbres; contra el orden de lo que no cuesta nada que sea que como él quiere.
Pero no. Hoy no podrá ver esos pequeños destellos de oro sobre los bastones amarillos cuando la luz rebota en el aceite aún caliente. Esos bastones que se nievan con la sal y se deslizan uno a uno como un snowboard sobre su lengua, paladar y garganta. Sintió que moriría sin sus papas y que todo es, tan, tan injusto, que su estancia en la tierra ese día habrá sido inútil, desesperada, nula, y que, al fin y al cabo, la felicidad de los hombres está dictada por un si o un no de una mujer que ni siquiera conocemos.

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